Vecino harto de la inseguridad en Chascomús: “No quiero seguir conviviendo con...

Vecino harto de la inseguridad en Chascomús: “No quiero seguir conviviendo con la apatía de mi intendente”

A pesar de los rimbombantes anuncios en Chascomús sobre un “flamante” centro de monitoreo, más de 100 cámaras, el domo móvil, sumado a la “supuesta” mejora en la iluminación, el corte de ramas y demás, todo el castillo de naipes vuelve a derrumbarse una vez más o por lo menos a demostrar ineficacia.

El Barrio Obispado, que está en el ingreso por la Avda. Juan Manuel de Rosas, ha sido víctima de varios robos en los últimos tiempos y a pesar de las promesas de Javier Gastón y compañía por solucionarlo, nada de ello sucedió.

Este fin de semana, el encargado del Registro Civil de Chascomús, Martín Larralde, sufrió un robo en su vivienda. A través de las redes sociales contó con lujo de detalles la inseguridad de su barrio, el nerviosismo de su familia, las mentiras del intendente un panorama diferente al que ven los gobernantes de turno.

¡Felices Pascuas! La casa no estuvo en orden

Recientemente escuche por mi pueblo que se pretendía establecer a nuestra ciudad como la capital nacional del alambre, en homenaje a Don Richard Newton pionero alambrador de la Argentina al colocar cercos de alambres por nuestros pagos hace más de 100 años.

Tuve la nefasta experiencia de debutar en tal hermoso oficio de alambrador, ya que los bandidos decidieron cortar el tejido de mi casa para robarme.

La noche del sábado los maleantes ingresaron y forzaron una ventana, no pudiendo ingresar a la casa, entonces me sentí aliviado; afortunado porque solo eran roturas menores. Entonces allí estaba yo, domingo de pascuas debutando en el noble oficio de alambrar.

Estaba angustiado y preocupado, ya que mi barrio era presa fácil para delinquir. A las 20:30, estando en misa en la iglesia Nuestra Sra. de Luján, leo el más aterrador de los mensajes: “Martin suena la alarma de tu casa”. A toda velocidad llegue a mi casa y efectivamente mi alarma sonaba porque los malvivientes ingresaron, rompiendo nuevamente el tejido y una ventana.

¡El operativo estaba en marcha! Con mis vecinos ya conocíamos qué tareas desplegar, moviéndonos por los pastizales de la vieja traza ferroviaria para flanquear al enemigo.

Contamos con la triste experiencia de muchísimos robos en el lomo y esta vez era yo quién recibía la cálida ayuda. Era yo quién se regocijaba con el accionar desinteresado de mis vecinos. Era yo quién necesitaba de ayuda y eran ellos los únicos dispuestos a dármela.

Solo nos bastaron pocas líneas en el grupo de Whatsapp y mirarnos a los ojos; ojos que ya conocían el dolor de perder bienes y perder la confianza en tu propio hogar. Era yo quién tenía la mirada que antes tuvo Juani, Estela, Marcela, Eduardo y tantos otros vecinos que pasamos por esta experiencia.

El operativo y las tareas de rastrillaje dieron sus frutos, algunas de mis pertenencias fueron halladas ¿Dónde?

Dónde sino en la vieja traza ferroviaria, allí donde uno pierde su condición de ciudadano y se convierte en un expedicionario por la adversidad del terreno y su frondosa vegetación, que combinados con la nula iluminación artificial han de ser el lugar perfecto para la guarida de delincuentes.

Entrar allí durante la noche requiere de valentía, linternas y voluntad; cosas que todo vecino del Barrio El Obispado posee en abundancia.

Esos terrenos y sus adyacencias son las que, junto a mis vecinos, hemos pedido que se mantengan y se iluminen; incluso hemos propuesto a las autoridades de turno optar por ciertas medidas de seguridad, mientras ellos gestionan el traspaso de tales terrenos al patrimonio municipal.

Pero la respuesta siempre fue NO. Nuestro intendente, mí intendente, seguía negando a efectuar siquiera una cortada de pasto. Por acá no pasa la barredora nueva, por acá no hay coloridos festivales, acá no hay plazas, por acá no hay contenedores verdes.

¿Alumbrado, Barrido y Limpieza?… claro, si ahora es Tasa Municipal… ¡QEPD el ABL querido! A mí intendente lo considero responsable de la seguridad de la ciudad, siendo ésta parte de sus funciones públicas, la cual debería cumplir como la ley misma.

Lo bueno es que él lo sabe y lo ha dicho públicamente. Recuerdo que en entrevista radial con Alejandro Sosa decía “el responsable de la seguridad soy yo”, “los reclamos van al intendente”, “al primero que le golpean la puerta es al intendente y no la van a tener que golpear porque la puerta va a estar abierta”.

Efectivamente esa puerta estuvo abierta para nosotros pero siempre que la atravesamos nos recibían con hermosos relatos y estadísticas que en nada se asemejaban a la realidad, nuestra realidad del barrio.

Las explicaciones siempre fueron las mismas y el plan de seguridad diseñado y ejecutado por el intendente no incluía a nuestro barrio ¡Perdón! Sí nos incluía, no de la manera que a nosotros nos hubiese gustado puesto que funcionamos como la carnada. Somos la mojarra nadando en el balde esperando no ser escogida por el pescador para capturar un pejerrey.

“Las luces y cámaras las ponemos del otro lado de la vía porque por allí vemos a los chorros cuando escapan con el botín”, escuché en varias reuniones con el subsecretario de Seguridad, mí subsecretario de Seguridad.

Este atraco entrará en la estadística de los delitos resueltos, ya que algunos de los objetos robados aparecieron, las cámaras de seguridad habrán captado alguna imágenes (¡espero!) Más luego me dirán que son menores y como bien me afirmaron los oficiales de la Policía, la “Justicia” los liberará a las pocas horas. Entonces el círculo queda cerrado.

Todos cumplen su labor; todos hacen lo que tienen que hacer y todos contentos. Pero ¿quién pierde? ¿Quiénes son los que perdieron el sueño por las noches y la seguridad de su hogar? Sí, usted y yo lo sabemos. La mojarra siempre pierde. Pocas cosas en la vida han de ser tan placenteras que pescar un pejerrey para luego filetearlo y comerlo con amigos. Pero todo tiene un costo.

Hoy soy yo la carnada que permite que la estadística de crímenes resueltos aumente y quizá sea un logro de la gestión para ser comentado en la próxima campaña electoral. Hoy soy yo quién permitirá a los funcionarios deleitarse en un banquete y poder afirmar que su trabajo dio frutos.

La intranquilidad y crisis que sufrimos junto a mi esposa será un duro escollo a sortear. Cuento con el apoyo incondicional de mi familia, amigos y vecinos, y podré salir adelante. Aprendiendo a convivir con estos sentimientos.

Con lo que no quiero seguir conviviendo es con la apatía de mí intendente, con la soberbia de sus funcionarios ni con la ineptitud con la que manejan ciertas áreas, porque para ineptos estoy yo con mi alambre o dentro del balde eludiendo la mano del pescador.

Deberé esperar al 2019 cuando previo a las elecciones se dignen a venir al barrio; deberé buscar la respuesta de por qué no pasa por mi barrio el tractor verde con el brazo extendido para cortar pastos sobre cunetas y zanjas.

Deberé insistir en averiguar dónde están más de las 100 lámparas de luminaria pública que se sacaron de Juan Manuel de Rosas y Av. Lastra que muy bien nos vendrían a varios barrios; deberé seguir preguntándome por qué mi barrio no tiene carteles indicadores de las calles, siendo esto de mucha ayuda a la policía, ambulancias y bomberos.

Deberé seguir entrando por calles poceadas y en pésimas condiciones ¿Deberé acostumbrarme a esto? ¡No quiero acostumbrarme! Estas preguntas y propuestas fueron transmitidas a los funcionarios municipales, hemos arribado al municipio con más propuestas que quejas, pero no han sido suficientes para verlas aplicadas en nuestro barrio.

Todas estas soluciones transforman la vida de nuestro barrio. Tuve el privilegio de preguntarle a mí intendente cuando vino al barrio que me cuente cuáles eran los proyectos a corto plazo; cuáles eran las medidas inmediatas a tomar para nuestro barrio. Su respuesta fue la entrenada: la de manual; esa que escuchas y la aprobás de inmediato.

Es la respuesta que buscabas y entonces volvés a confiar, le das una segunda y hasta una tercera oportunidad de que tu intendente va a ayudarte a mejorar tu vida y la de los vecinos. Te vas satisfecho porque ese hombre, ese docente de intachable reputación te está mirando a los ojos cuando te responde.

El problema es que ni mi psiquis, ni las palabras, ni la mirada me otorgaron luces en las calles o me cortaron los pastizales del barrio. No se hizo una sola de las cosas que salieron de la boca de mí intendente. A lo que me lleva a una triste conclusión: una cosa es poder hacer las cosas y otra muy distinta es querer hacerlas.

Toda esta experiencia me sirvió para confirmar algo que ya sabía: tengo unos excelentes vecinos y que por ahora las mojarras nos seguiremos cuidando entre nosotros ¡Ya seremos dientudos.

Fuente:Nova