Para los creyentes religiosos es una verdad de Perogrullo, pero ahora dos hombres vinculados a la ciencia han demostrado que el alma existe y que “nunca muere sino que vuelve al Universo”. Ciencia y religión van tomados de la mano, porque el médico estadounidense Stuart Hameroff y el físico británico Sir Roger Penrose han desarrollado una teoría cuántica de la conciencia, que establece que nuestras almas están contenidas dentro de estructuras llamadas microtúbulos, dentro de nuestras células cerebrales.

Hameroff, profesor emérito en el Departamento de Anestesiología y Psicología y director del Centro de los estudios de conciencia de la Universidad de Arizona, y Sir Roger, han estado trabajando en la teoría desde hace más de dos décadas y ahora llegaron a la mencionada conclusión. La idea fue desarrollada debido al concepto de que el cerebro es una computadora biológica, con 100 billones de neuronas, cuyas conexiones sinápticas actúan como redes de información.

Los dos científicos señalan que nuestras experiencias de conciencia son el resultado de los efectos de la gravedad cuántica en los microtúbulos, un proceso que llaman reducción objetiva orquestada (Orch-OR). Se trata de una experiencia cercana a la muerte, en la cual los microtúbulos pierden su estado cuántico, pero la información dentro de ellos no se destruye. Para decirlo en términos más al alcance de los que no somos hombres de ciencia, el alma no muere, sino que vuelve al universo.

“Si el paciente es resucitado, esta información cuántica puede volver a los microtúbulos y el paciente dice: tuve una experiencia cercana a la muerte”, dijo Hameroff y si el paciente muere, “sería posible que esta información cuántica exista fuera del cuerpo indefinidamente, como un alma”.